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Ahí viene la mansa ballena
cantando alegre debajo del mar
Con este encargo acontece algo parecido a lo que le ocurrió a un tipo que aprendió desde muy joven el arte de la panadería. Paso en esa actividad numerosos momentos de su vida hasta llegar a los años mas avanzados de la juventud. Con el paso del tiempo y muchos esfuerzos logro abrir una tienda especializada en pan, y puesto que las ventas siempre fueron buenas, ¡o satisfactorias!, empleo sus días en esta labor que le permitía comer y correr con todos los gastos necesarios para la supervivencia de él y de su familia. Como la mayor parte de las horas de su trabajo prácticamente las empleaba laborando sobre la mesa, ya fuera en la tarea de dosificación, de mezclado, de amasado, o hidratado de las masas mientras horneaba otras ya preparadas, el conocimiento sobre la materia y la consiguiente practica que adquirió con los años le incrementaron las habilidades para seguir confeccionando exquisitas variedades. Su amor por la labor, o el gusto que desarrollo por ella, hizo que con frecuencia se interesara por cualquier biscocho, “averiguando los pormenores de su fabricación”, ¡robara recetas!, o las lograra sonsacar de alguna matrona, o de cualquier dama mas joven que poseyera un encanto semejante al mismo que el engendro por la labor de hacer pan y trabajar la bizcochería. Así fue que aprovechándose de los conocimientos de las otras o de los otros mortales con los cuales interactuaba, compuso las mismas formulas, pero estudiando los porcentajes de los compuestos en las recetas con el propósito de llevarlos al mas rico sabor, y como consecuencia, a una mejor venta.

De esta manera continuó, siempre con una buena salida del producto. ¡Y aprovechando el margen desde el cual se contaba la ganancia ayudo a la buena fortuna!, haciendo entonces que con el paso de los años el negocio creciera. Aunque nunca dejo de estar pendiente de la calidad de sus productos, ¡exigiéndoles para ello esmero a sus empleados!, no se olvidaba por eso de usar un buen trato con ellos. Transcurría su vida así, sin que nunca dejara de interesarse por la ciencia de hacer pan y de fabricar apetitosos ponqués y otros bocadillos. De tal modo que no era raro, que pasado un tiempo resultara introduciendo algún tipo de masa para dorarla en el horno, ya fuese una variedad de hojaldre rellenado con algo, o cualquier clase de mantecada recubierta de chocolate dulce, de la mas pura masa de fresas o moras azucaradas; o también adicionándole el toque de cualquier otro delicado preparado que llevara dentro de el alguno de los sabores que confecciona la naturaleza. Pasaba así los días de su vida, entre gozos y disgustos, entre momentos de placer y preocupaciones, disfrutando del bienestar que le proporcionaban sus notables ventas.

En esta última temporada a la que se hace referencia en la vida del bizcochero, se encontraba el mancebo preocupado por diferentes asuntos, hasta que llego a él un email remitido por un Señor, insospechadamente poderoso, poseedor de muchas riquezas y de un extraordinario saber, en donde a través de un texto conciso le solicitaba sus servicios.

Luego de cumplir la cita y ponerse todo él con sus habilidades a las órdenes de quien lo llamo, paso a ser presentado con muchos miembros y servidores del mencionado Señor, explicándole ÉL claramente después los motivos por los cuales fue convocado. En consecuencia, le informo Aquel rey como dentro de sus propósitos mas inmediatos estaba el de celebrar un convite, al cual pretendía invitar a todos los que habitaban el inmenso país sobre el cual tenia poder. Tal vez, como una de las principales estrategias que consideraba con el fin de colmar los salones de su reino, estaba el deseo de confeccionar una torta por medio de la cual se les diera a probar el exquisito sabor, y el muy delicado gusto en la inteligencia, que se experimentaba al comer la baya que se encontraba en el silencioso y misterioso monte sobre el cual Él residía. Pretendía el Señor, o eso creyó entender el panadero, que el modo de ejecutar ese propósito, no era otro que el de despertar el apetito en los que habitaban su reino, al momento de experimentar con el paladar el sorprendente producto que nacía de ese árbol, “escondido en la cima de la montaña”.

No obstante, aquel encuentro en la cumbre de esa región montañosa solo se dio después de acompañar al Señor por un buen trecho; de recorrer caminos oscuros, conocer variada tribulación, experimentar abundante desconcierto, “parecido o mayor al que normalmente experimenta la mayoría”, de pasar por muchas ocasiones en las que extravió el sendero, de interpretar mal algún aviso: suponiendo que lo falso era cierto, “de errar” ( de hacer algo que después trae malestar, de hacer algo que contradice la sabiduría primaria, el saber primario, ¡el placer!; pues normalmente, la inteligencia por medio de la cual se entiende lo que es un error, se vislumbra cuando el mal genio, o el disgusto, reemplazan en el espíritu al regodeo). Así continuo, avanzando después de soportar algunas inclemencias, de temer las desgracias, de sortear la extraordinaria abundancia de follaje, de moverse por la tupida y cerrada selva que rodea al monte, hasta que finalmente el panadero pudo arrimarse a lo mas alto del cerro y empezar con mas animo a finalizar el recorrido, “pues se encontraba mas cerca de la cúspide”. En estas condiciones, llevado de un prodigio más que le regalaron, ¡semejante a los que les son regalados a todas las personas, chicos y chicas, damas o varones!, ¡los amados de Aquel que ya era antes de Abraham!, logro milagrosamente escalar el camino que llevaba a la cumbre. Así entonces, exitosamente, cansado y con los labios secos, o angustiado por calmar la sed con el jugo de ese fruto, pudo el bizcochero probar ese bocado, cuyo sabor y aroma deberían fusionarse con toda la masa hasta que no faltara un solo gramo de ella. Noto de inmediato el tahonero que le resultaría muy complicada esa tarea, ya que tendría que decir en la confección de la torta el gusto exacto, o la inteligencia que surge y el saber que la acompaña al momento de probarlo.

Viendo entonces, que el citado sabor que le encontró a ese fruto estaba acompañado de un toque que antes no conoció, concluyo que este no tenia equivalente allá en la tierra en donde el habitaba; siendo cierto sin embargo, y sabiendo también que en ese reino todos los súbditos saboreaban constantemente una variedad de jugo de la carnosa fruta, aunque no supieran que en cada momento la comían, pues no lo notaban por lo delicado, o insípido que resultaba al paladar. Envuelto en estas condiciones resolvió que lo mejor era dejarlo sin que causara ninguna impresión en la boca, ya que no había gusto que se lo asemejara a la manera en que lo entendió y gusto allá en la cima. En estas circunstancias, y entendiendo que no había algo que lo remplazara, o resultara sirviendo como equivalente, “siendo cierto que esa clase del fruto solo se daba en lo mas alto de ese collado”, pensó al momento de despedirse del Señor y prometerle que prontamente se pondría en la tarea, “que puesto que no había un producto con el mismo sabor”, ¡lo mejor era dejarlo insípido, con lo cual se evitaba cualquier engaño al probarlo!, ya que no teniendo gusto a nada, ninguno podría pensar erradamente que el que probaba al morderlo equivalía al insípido gusto del fruto que florecía en la cima de aquel magnifico cerro; pues si no tenia gusto al paladar no podría creer que fuese igual a alguna manera de entenderlo.

Empero, no dejo de dudar con frecuencia de sus decisiones, pero recordando que con la degustación de ese fruto se sentía el alma invitada a que probase cualquier sabor que desease, concluyo entonces, que aunque dejándolo sin sabor se asemejaba mucho mas al toque de ese fruto, un ponqué como ese no puede estar sin que proporcione deleite al paladar. Por lo cual mezclo con la masa todos los sabores que pudo encontrar, cuidándose de no exagerar la porción agregada, dejando solo una pizca de sabor y así evitar el más mínimo hastió. Finalmente hizo varias tortas, y viendo que con ninguna quedo satisfecho se decidió por la que a su criterio mejor confección alcanzo.